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jueves, 17 de septiembre de 2009

Tamara de Lempicka: de la frivolidad a la protesta

Icono feminista, estereotipo de mujer independiente y triunfante en un mundo en transformación, artista de “los años locos”, exiliada de guerra, modelo de alta costura, seductora fatal y cortesana de Hollywood.
¿Quién fue Tamara de Lempicka? Su obra atestigua que ella es y fue el resultado inevitable de la confrontación entre una vida frívola desarrollada en los cafés y sitios de moda de las principales capitales del mundo, y la bohemia de los aristócratas exiliados a causa del avance alemán.
Conceptualizada como pintora Art Dẻco, Tamara de Lempicka combinó en su obra dos realidades paralelas: el dolor inherente a la guerra y a la barbarie nazi, y la fascinación de toda una generación por la modernización del mundo.
Luz eléctrica, velocidad desenfrenada, automóviles, aviación, nuevos estilos arquitectónicos, pero sobre todo, la liberación de los roles femeninos, motivaron la configuración de obras caracterizadas por el empleo de formas geométricas y superficies desdobladas a la usanza cubista.
Mujeres rubias de miradas desafiantes, senos cónicos y posturas insinuantes (Perspectiva, 1923; La túnica rosa, 1927; La bufanda naranja, 1927, entre otras) alternan con el retrato de una madre de rostro anguloso y sufriente, cuyos lánguidos miembros abrazan con ternura desesperante a un bebé, carne propicia para el sacrificio que, a costa de los más débiles, se lleva a cabo en la ciudad de calles angostas y casas sencillas que queda atrás (La huída, 1940).
La sensualidad, rebeldía y provocación inherente a algunos cuadros contrasta con la miseria y decadencia reflejadas en los pintados con el objeto de apoyar a los polacos que huían aterrorizados ante el imparable avance de la Segunda Guerra Mundial y, aún más, con el patetismo y necesidad de auxilio espiritual reflejado en las obras de temática religiosa creadas en los últimos años de vida de la también amiga de Coco Chanel.
La antítesis temática sólo es explicable por el alejamiento de Lempicka de los compromisos sociales enarbolados por movimientos de vanguardia como el cubismo, el expresionismo y el futurismo, pero su apego a la evolución, técnica y estilo de éstos.
Una de las controversias más frecuentes entre críticos y creadores, muy bien encarnada por la autora nacida en Varsovia, es el definir si el arte es sólo una manera de imitar o mejorar la naturaleza o, por el contrario, si es el vehículo idóneo para la expresión de la disidencia.
Los cambios sociales en Europa y el espíritu de decadencia presente en los años de entreguerras parecen contestar con la segunda opción la interrogante antes planteada. La pintura de aquellos años refleja más la descomposición moral y la fragmentación del universo humano que el espejo del mundo que pretendieron crear los artistas de otras épocas, por ello, quizá, los modelos de Lempicka muestran cierto desprecio a lo convencional, rebeldía manifiesta tanto en las sugerentes posturas de los personajes, como en el desaforado colorido de los óleos.
No obstante, el paisaje que constituye el fondo de los cuadros y algunas escenas tomadas de Nueva York o ciudades europeas, deja entrever al público la influencia que la pintura renacentista italiana, sobre todo la de Boticelli y Pontormo, tuvieron sobre la concepción estética de Tamara de Lempicka.
La muestra exhibida en el Museo del Palacio de Bellas Artes, constituye la primera exposición sobre la producción de la exiliada polaca en México y América Latina. Está integrada por 49 óleos, 15 obras en papel y 21 fotografías procedentes de colecciones privadas de varios países de Europa, Estados Unidos y México y, también, de museos de Francia y Polonia.
El recorrido está fragmentado en cuatro núcleos que representan etapas diferentes en la creación de Lempicka: Olvido y descubrimiento, Narcisismo a contraluz, Sujetos y afectos y Pintora de los años locos, en las cuales se incluyen algunas de las piezas que usó el curador Alan Blondel en la Galería de Luxemburgo de París, con el objeto de motivar, en 1972, la revalorización de la pintora, tras varios años de olvido.
Después de haber sobrevivido a dos guerras mundiales, a la Revolución de Octubre en Rusia, a la transición del zarismo al comunismo y al exilio, Tamara de Lempicka murió a los 82 años en Cuernavaca (1980). Su pintura reflejó todos los tipos humanos y sitios con los que se relacionó durante su nómada existencia: vivió en Varsovia, San Petesburgo, Moscú, París y Estados Unidos, sin embargo, ninguna de las obras pintadas en todos estos lugares, muestra tanta melancolía y destellos de luz como la naturaleza muerta reproducida en “Tres bambúes”, Morelos, cuadro donde una ventana transparente y una puerta abierta permite al curioso observar la vida vegetal que se extiende más allá del umbral en una caótica, pero a la vez armoniosa, combinación de claroscuros.


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miércoles, 8 de julio de 2009

Me agarra la bruja

No hay duda, todo tiene una respuesta y una solución. ¿Mal de amores? Consiga un poco de extracto de belladona o limadura de uñas, viértalo en la comida del escurridizo objeto de sus bajas pasiones y, en poco tiempo, el bello o la bella de sus sueños reducirá su voluntad y obedecerá sin recato ni control todas sus indicaciones.
Un enemigo puede ser fácilmente eliminado con un bebedizo de cicuta o con una rimada oración, cuyo poder, proveniente del diablo, acabe con todas las cabezas de ganado, al tiempo que limpie el terreno de estorbos y malas intenciones.
¿Problemas de tráfico? Consiga una escoba de palma y atraviese la ciudad por los aires. El único inconveniente pudiera ser el convencer a sus amigos de que realmente domina estos poco ortodoxos métodos, pero no se angustie si es adjetivado de loco, mucho peor hubiese sido ser acusado de practicarlos durante la edad media, pues el pacto diabólico resultaba tácito y la única manera de salvar su maltrecho espíritu hubiese sido someterse a los nada cristianos procesos del Santo Oficio.
Emilio Ruiz Barrachina, corresponsal de la BBC en Latinoamérica, se pregunta, en un breve y ameno ensayo, las razones por las cuales los grandes sistemas de control ideológico en la Historia ( la Iglesia hace siglos y la economía de mercado en la actualidad) recurren a la creación artificial de brujos y demonios, seres que además de alimentarse de niños y embarazar a virtuosas doncellas, sirvieron y sirven para ocultar los problemas inherentes a todo régimen de control político, cultural y económico.

Bibliografía:

Ruiz Barrachina, Emilio. Brujos, reyes e inquisidores, Barcelona, Bolsillo Zeta, 2008, 240 pp.

jueves, 8 de enero de 2009

Pasos de ciego

El mundo es una superficie plana sostenida por una tortuga gigante que a su vez se apoya en una torre interminable de elefantes. Si se pregunta qué hay debajo de esos elefantes, la respuesta lógica es “más elefantes”. Tal vez, sea preferible, afirmar, como lo hizo el clérigo Nicolás Copérnico, que el centro del universo es el sol, pero negarnos a aceptar, a pesar de toda la evidencia empírica, que los planetas se mueven en órbitas elípticas, pues el movimiento circular es la tendencia perfecta diseñada por Dios.
Pero, mejor ¿qué tal si dedicamos toda nuestra vida a demostrar que la distancia entre cada planeta está dada por la idea divina de encajar figuras de sólidos geométricos entre las órbitas y descubrir, casi por error, las tres leyes astronómicas que hicieron inmortales a Kepler? A Galileo no le va mejor, nunca dijo “pero se mueve”, ni tampoco realizó las pruebas de caída libre en la torre inclinada de Pisa… de hecho, su mayor ambición era demostrar que él era el hombre más inteligente de su época, soberbia que lo llevó a protagonizar el más sonado conflicto entre la Iglesia y la Ciencia.
¿Qué decir de la concepción astronómica actual? Hablamos de un universo en expansión sin tener claro hacia dónde crecemos. El mundo es cómo el hombre lo piensa y lo imagina. Si en determinada época se creía en un cielo y en un infierno, esta concepción marcó las pautas de comportamiento no sólo del común de la gente, sino también el de los grandes genios que vivieron en esos años, quienes a pesar de ser desmentidos una y otra vez por sus propios cálculos, seguían firmes en la persecución de un modelo que no entrara en conflicto con sus propias creencias.
Los grandes descubrimientos, afirma el escritor Arthur Koestler, no se dan como un proceso racional, sino son el resultado de la tendencia de los gigantes a caminar adormecidos por el sistema de sus propios siglos, pero guiados por la misma misteriosa fuerza que ayuda a los sonámbulos a permanecer vivos y superar obstáculos, a pesar de desplazarse en un estado de inconsciencia. En el caso de los científicos, la bruma está dada por las definiciones de su época y por las pasiones, capaces de hacer tambalear hasta a las más sólidas construcciones matemáticas.

Bibliografía:
Koestler, Arthur. Los sonámbulos. México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2007, 496 pp.

No lo robé, saltó a mis manos

A pesar de lo comúnmente creído, un lector no es quien escoge el texto que desea leer. Es mentira que uno llegue a la librería y compré la historia de su preferencia. Hemos vivido engañados, pues, en realidad, los libros son quienes nos buscan y quienes, cuando encuentran a la persona ideal, se muestran en las mesas o anaqueles y saltan hasta nuestras manos, para que con nuestros ojos completemos lo contado.
Cuando se lee, no se ven letras, sino aquello sucedido a otras personas en otros lugares y tiempos, así lo descubrió Juan cuando, ante el divorcio de sus padres, se vio obligado a ir a vivir a la casa- biblioteca de su excéntrico, pero amable, tío Tito.
El niño de trece años se dio cuenta de que muchas veces una buena historia puede ser más emocionante que vagabundear con tu mejor amigo en una casa abandonada repleta de gatos callejeros. Además, lo sabría más tarde, un libro también puede ser el mejor aliado para conquistar a una bella chica de ojos color miel.
Aunque no nos demos cuenta, los libros saltan de un estante a otro de las bibliotecas, conviven con la gente y buscan con avidez a los lectores capaces de reflejarse en un cuento o una novela, pero así como hay libros cazadores, también hay otros a los cuales no les gustaría ser cazados, “un libro salvaje”, diría Villoro, una especie de potro en papel que promete la más grande aventura a los amantes de las letras, pero que antes de entregarse debe descubrir a quien, además de vivir las aventuras de otros, pueda demostrar poseer una propia y emocionante historia.

Bibliografía:

Villoro, Juan. El libro salvaje. México, Fondo de Cultura Económica, 2008, 240 pp.

domingo, 10 de agosto de 2008

Azul pintado de azul

Las dobles adjetivaciones, el ritmo sustentado en aliteraciones, la exaltación de lo bello e ideal −como recordatorio político de lo socialmente destruido− y la manifestación melancólica en tonalidades azules, marcaron una inflexión en la literatura y en la lengua de estas latitudes. Sin la irrupción intelectual del modernismo, los escritores latinoamericanos nunca hubiesen sido capaces de sustraerse a la estética y al estilo implantados por los autores europeos y jamás hubiera sido posible la incorporación a nuestras historias de las voces, sabores, alegrías y lamentos locales.
Rubén Darío, José Juan Tablada. Leopoldo Lugones, Amado Nervo y José Martí, por mencionar algunos, fueron maestros de un movimiento artístico de difícil definición e intrincada clasificación, pero cuyas obras son capaces de demostrar las posibilidades de nuestra lengua, al ser sometida al paciente tratamiento de las “manos del orfebre”.
En Cuento modernista hispanoamericano, Fernando Díez de Urdanivia reúne una colección de 27 obras, cuyos temas van desde la oscura concepción teológica de un pueblo suicida, hasta la inocencia de una niña que, al preferir una muñeca negra, se opone al dolor generado por la discriminación inherente a un sistema de castas; todo ello, enmarcado en las construcciones sintácticas que generaron uno de los tres grandes giros sufridos por el castellano −los otros dos fueron Góngora y Garcilaso, según el compilador− y en un lirismo cuyo común denominador es la extrañeza ante “los misterios de la vida y la muerte”.

Díez de Urdanivia, Fernando. Cuento modernista hispanoamericano. México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2008, 304 pp.

Cuando el amor se va…

De entre los cientos de personas que podemos conocer en nuestra vida, de repente, surge alguna capaz de romper el equilibrio, de hurtar la tranquilidad y dejar en su lugar una suerte de desazón que, mal orientada, puede arrastrarnos al sufrimiento y a la ejecución de actos totalmente ajenos a nuestras concepciones tradicionales sobre la moral.
¿Qué es lo que queda cuando el amor se va? Humanamente, buscamos con desesperación la manera de llenar el vacío. Agustín −que no Juan− Escutia (chiste del autor) fue abandonado por su Esteban y, tras haberle devuelto todas sus cosas, se dedicó a la recreativa tarea de fornicar con cuanto hombre se le cruzara por el camino.
Encuentros ocasionales en cines porno y baños públicos, orgías al por mayor, uso de botellas y mangueras, como sustitutos de falos, llenan la vida de Agustín y las páginas de Cuchillo de doble filo, novela donde Luis González de Alba hace gala de un lenguaje soez y una imaginación prosaica que, lejos de contribuir a la aceptación de la comunidad homosexual, conlleva al refuerzo de los estereotipos en boga y a la discriminación, ya de por sí preocupante, hacia este grupo.
La vida no tiene que ser, únicamente, una serie de encuentros carnales fortuitos; existe algo más allá a la simple vocación por el placer sexual, aun en aquellos casos en que la tristeza nos empuja a la irracionalidad. Alguien debería habérselo dicho al autor hace mucho tiempo y, de esta forma, nos hubiese ahorrado más de cien páginas de lectura estéril.

Bibliografía:
González de Alba, Luis. Cuchillo de doble filo. México, Cal y arena, 2008, 132 pp.

miércoles, 11 de junio de 2008

Feminismo en la Edad Media

La Edad Media, también conocida como época oscurantista, estuvo política, religiosa y culturalmente determinada por la relectura, en el mundo cristiano, del pensamiento helénico, cuyas máximas establecían un orden social inalterable, donde los hombres estaban encargados de la administración de la Res pública, mientras que las mujeres eran relegadas al oikos, el hogar. Por su parte, el medioevo chino fue dominado por las ideas filosóficas extraídas del taoísmo y el confusionismo, sistemas teóricos que señalaban el “sito adecuado” de cada persona dentro de la estructura social: los hijos vivían sometidos al padre, la esposa al marido y los vasallos al emperador, soberano de “todo lo que hay bajo el cielo”.
En este contexto se desarrolló la vida de Zetien Shunsheng (Sabia seguidora del paraíso), la única mujer en toda la Historia China que llegó a ostentar personalmente el poder imperial, tras desafiar todas las convenciones sociales de la época y escalar ─gracias a sus habilidades para la adulación, las intrigas palaciegas y el asesinato─ dentro de la jerarquía cortesana. Jonathan Clements, investigador especialista en Historia china, narra el ascenso al poder de Wu Zhao, una de las decenas de concubinas del segundo emperador de la dinastía Tang, cuyas aptitudes políticas y militares le llevaron a ganarse el respaldo del pueblo y a desatar la ira de la nobleza.
Considerada, durante sus años de mayor dominio, como Maitreya ─encarnación de Buda─, tras su muerte, Wu fue calificada por sus detractores como “hembra caprichosa y vanidosa”, asesina de decenas de adversarios y homicida de su propia familia. A catorce siglos de distancia, la imagen de Wu se difumina por los escándalos que rodearon su tumba, mitos que tal vez sólo escondan tras de sí, el mayor de sus crímenes: ser mujer.

Bibliografía:
Clements, Jonathan. Wu. La emperatriz china que intrigó, sedujo y asesinó para convertirse en un dios viviente. Barcelona. Crítica, 2007. 314 pp.

La Universidad en la aldea global

Los Estados iberoamericanos se enfrentan a una paradoja generadora de anomalías económicas y culturales: aún no logran superar el proceso de conversión al capitalismo moderno y ya no les es permitido postergar su integración a lo sociedad global.
Choque de civilizaciones (según el criticado término de Huntington), paz armada, abismos distributivos, corrupción, demagogia, narcotráfico, terrorismo e inseguridad son los temas que dan forma a las notas de ocho columnas en los diarios de todo el mundo. Los americanos de la periferia, es decir los que vivimos del río Bravo hasta la Patagonia, debemos resolver, además, el atraso ocasionado por el atrincheramiento en ideologías arcaicas que, lejos de contribuir a la resolución de los problemas, nos hunden en abismos retóricos, inútiles a la población, pero beneficiosos a los políticos sin escrúpulos.
¿Cuál es la fórmula para resolver los conflictos de la zona?, pregunta el exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Juan Ramón de la Fuente, a sus entrevistados: escritores, políticos y académicos, todos participantes del Foro Iberoamericano celebrado en México en el 2006. La respuesta es unánime: Hay que aprender, impulsar la cultura, invertir en el conocimiento… hay, en pocas palabras, que educar.
En este contexto, señalan los entrevistados por de la Fuente, la única solución vendrá a partir de que los ciudadanos crezcan en el convencimiento de que la democracia no resolverá per se las inequidades existentes en esta parte del mundo, si no que devendrá a partir de la posición crítica y responsable de todos los actores sociales. En este marco, las escuelas de todos los niveles, pero sobre todo las Universidades, deben abandonar sus actitudes conservadoras ─disfrazadas de radicalismos de izquierda─ y entender que sólo el análisis, el trabajo y la aplicación práctica del conocimiento, podrá permitir una mejor distribución de la riqueza y, el consecuente, mejoramiento del nivel de vida de los iberoamericanos.

Bibliografía: De la Fuente, Juan Ramón. Voces de Iberoamérica. Conversaciones con Juan Ramón de la Fuente. México, Taurus, 2007, 120 pp.

Sueños de un utopista

Creyente y apóstol de mundos quiméricos, licenciado en cánones ─posiblemente por la Universidad de Salamanca─, oidor de la Segunda Audiencia y, hasta su muerte en 1565, obispo de Michoacán, Vasco de Quiroga figura en la Historia como un temprano impulsor de las libertades y la igualdad humana. Partidario de la Utopía forjada por Moro, Quiroga es el padre de un modelo político pacifista que contribuyó, más que las continúas guerras y la esclavitud, a la conquista espiritual de América y al mestizaje de la Nueva España.
Francisco Miranda, Doctor en Historia por la Universidad Gregoriana de Roma, presenta Vasco de Quiroga. Varón universal, breve radiografía de la obra y vida del fundador de Pátzcuaro y creador de los Hospitales de Santa Fe y el Colegio de San Nicolás.
Admirador del impulsor de una sociedad pluricultural y plurilingüística, Miranda se apoya en textos eclesiásticos del siglo XVI, diarios de conquista, biografías escritas por colaboradores cercanos al obispo y correspondencia personal, para esbozar de manera sencilla las labores y contrariedades a las que se sometió el hombre que se enfrentó al virrey Mendoza, desafió el poder de franciscanos y agustinos y obstaculizó los intereses de los encomenderos, en pos de la construcción de un universo ideal, donde los indígenas dejaran de ser esclavos y adquirieran el status de seres humanos.

Bibliografía:
Miranda, Francisco. Vasco de Quiroga. Varón universal. México, Jus, 2007, 168 pp.

El mundo según Magris

Trieste, lugar atemporal donde “todo coexiste y es contiguo”, según la definición de la ciudad natal hecha por el novelista Claudio Magris, es el paisaje detrás, frente y dentro del cual, el creador de Microcosmos, escribió por tres décadas una serie de ensayos (originalmente publicados en Il Corriere Della Sera) que extraen la esencia de obras de difusión mundial creadas bajo el influjo de diferentes épocas y corrientes artísticas.
El tallo entre las piedras, compilado y traducido por María Teresa Meneses, presenta una colección ensayística donde Magris aborda tópicos de trascendencia universal, empleando como pretexto el análisis de filmes, fotografías, exposiciones museográficas y libros que van desde las líneas inundadas de razón, disfrazada de locura, de Erasmo de Rotterdam, hasta la obra periodística y la critica al totalitarismo de Ryszard Kapuscinsky, sin dejar de lado la prosa romanticista de Novalis y Bettina Brentano o las concepciones políticas y utópicas de Tomás Moro.
Profundo observador de su entorno inmediato y de aquel trazado en las páginas de los libros, el escritor de Danubio teoriza acerca de los miedos y derrotas personales, tan frecuentemente aludidos en los trabajos de Conrad, pero también sobre la tendencia de unos cuantos a anteponer la conciencia de la justicia sobre la integridad personal, todo ello mediante el rescate de textos que, desafiando todo clasicismo, han roto con los paradigmas temáticos y estilísticos de sus tiempos y se han abierto paso, cual tallo en las piedras, entre los conservadurismos imperantes y las letras estériles, para denunciar males mundanos y etéreos y mostrar el espíritu de lo auténticamente humano.

Bibliografía:
Magris, Claudio. El tallo entre las piedras. México, Ediciones Cal y Arena, 2007, 392 pp.

Depredación artística

Las revisiones históricas acerca de la Segunda Guerra Mundial generalmente pasan por alto el trabajo realizado por los “hombres de Monumentos”, funcionarios de bajo rango militar que, lejos de los frentes de batalla, protagonizaron luchas diferentes contra la codicia, la purga del arte “degenerado” y la ignorancia de los funcionarios del Tercer Reich y los ejércitos aliados y del Eje, quienes encabezaron la destrucción masiva y el saqueo de, hasta ahora, una incalculable cantidad de objetos artísticos europeos, patrimonio de la cultura occidental.
Ensayo histórico nutrido de técnicas narrativas propias de la novela, El saqueo de Europa escrito por la historiadora en arte y colaboradora de la National Art Gallery, Lynn H. Nicholas, presenta al lector un relato documentado acerca de las dificultades enfrentadas por cientos de conservadores de museos, coleccionistas y arquitectos, estudiosos del arte que asumieron la responsabilidad de salvar, de los distintos grupos beligerantes, tesoros que van desde el Oro Troyano hasta las pinturas de Picasso o Gauguin.
En su libro, Nicholas hace un recuento de las acciones, en materia artística, de hombres como Hitler o Hermann Goering, cuya depredación en las principales capitales europeas pudo haber causado la irreparable pérdida de miles de obras artísticas que, gracias a un puñado de personas, lograron salvarse sólo para más tarde convertirse en peones de la diplomacia de posguerra y el enfrentamiento a ambos lados del Telón de acero.


Bibliografía:
Nicholas, Lynn H. El saqueo de Europa. Barcelona, Ariel, 2007. 602 pp

Criticón criticado

Observador, cronista y crítico mordaz de la dinámica social mexicana, Carlos Monsiváis, llamado irónica y comúnmente “el arroz de todos los moles”, ha generado en torno a sí mismo, una serie de mitos relacionados con su vida y producción literaria. Sus opiniones, estilo y el empleo de un género híbrido, intermedio entre la crónica y el ensayo, propiciaron el surgimiento de una serie de estudios interdisciplinarios, simulacros de análisis de su compleja y heterodoxa creación que más allá de ofrecer a los lectores una visión crítica de una labor iniciada hace casi 60 años, la encumbran y celebran.
Los compiladores, Mabel Moraña e Ignacio Sánchez Prado, reunieron, en una coedición de la UNAM y Ediciones Era, una colección de ensayos de autores que, en los últimos 20 años, se han abocado al estudio de distintos aspectos de la obra del autor, análisis que van desde el examen de sus recursos estilísticos, hasta el desentrañamiento de las influencias literarias y políticas de quien es considerado el heredero de Salvador Novo.
El arte de la ironía. Carlos Monsiváis ante la crítica, podría ser una invitación a leer el trabajo del cronista de la cultura mexicana; sin embargo, el tratamiento de los temas abordados, el uso de tecnicismos y la repetición argumentativa de los distintos ensayistas, hacen de la compilación un libro tedioso y de difícil lectura que, al contrario de ofrecer una crítica sobre la creación de Monsiváis, elabora una apología a su obra y personalidad.



Bibliografía:
Moraña, Mabel e Ignacio M. Sánchez Prado, Comp..El arte de la ironía. Carlos Monsiváis ante la crítica. México, Universidad Nacional Autónoma de México y Ediciones Era, 2007.

Pensamientos de terrorista

El recrudecimiento de los atentados terroristas y la respuesta gubernamental a ellos han propiciado, en las últimas décadas, el surgimiento de una serie de análisis académicos, políticos y periodísticos orientados a desentrañar las “causas últimas del fenómeno” y a crear homogeneizaciones que permitan comprender y prevenir el surgimiento de nuevas organizaciones paramilitares. Los psicólogos no han logrado sustraerse a la tendencia y han heredado al ámbito académico, trabajos de cuestionable rigurosidad científica abocados a concluir la “anormalidad” psicológica de los terroristas.
Esta postura es cuestionada por John Horgan, catedrático del Departamento de Psicología Aplicada del University College of Cork, en Psicología del terrorismo, obra que, al contrario de lo que pudiese indicar su nombre, no es un manual útil a aquellos lectores interesados en descubrir la mentalidad de los atacantes de Al-Qaeda, el IRA o las FARC; por el contrario, es una exhaustiva crítica a los autores que se han enfocado a la descripción de las “psicopatologías” de los integrantes de este tipo de asociaciones.
Al tiempo de denostar las deficiencias metodológicas de dichos trabajos, Horgan propone un nuevo enfoque de estudio para el fenómeno, la criminología, disciplina desde la cual se propone estudiar los procesos que llevan a un individuo a adherirse a un grupo terrorista, a participar en sus actividades y, finalmente, a tomar la decisión de separarse de él.
El catedrático lanza a los investigadores el reto de trascender la tentación de elaborar análisis totalizadores y a enfocarse en la creación de instrumentos útiles a la comprensión de las razones que llevan a un individuo a emplear la violencia, para defender su posición ideológica o su religión.


Bibliografía:
Horgan, John. Psicología del terrorismo. Cómo y por qué alguien se convierte en terrorista. Barcelona, Gedisa, 2006, 272 pp.

Al otro lado de la cerca

De forma inusual, el editor de El niño con el pijama de rayas, decidió usar la contraportada del libro ─normalmente empleada para explicar a los lectores el contenido de una obra─, sólo para hacer una invitación a la lectura, esto por una razón que en este espacio hemos decidido respetar: cualquier alusión al tema tratado arruinaría el efecto de la historia, hacerlo sería tan inadecuado como contar el final de la saga de la Guerra de las Galaxias a quienes aún no han visto los filmes.
Como sea, podemos asegurar que la novela del escritor irlandés John Boyne ─base de un futuro largometraje de Miramax/ Disney dirigido por Mark Herman─, pronto se convertirá en lectura de moda por su narrativa simple, accesible a cualquier tipo de público, y por la inocencia del protagonista, un pequeño que a sus nueve años es capaz de trascender los prejuicios inherentes al mundo donde está creciendo, para entender un hecho con frecuencia olvidado: un niño sigue siendo un niño a pesar de vestir con un pijama de rayas.
Texto repleto de imágenes que arrastran al lector de la hilaridad al temor, El niño con el pijama de rayas, puede ser descrito, simplemente, como el relato de las aventuras y los pensamientos de Bruno, el chiquillo que, a pesar de vivir feliz en su antigua casa, desde donde “poniéndose de puntillas y agarrándose de la ventana” podía ver toda su ciudad, se mudó al lado de una de esas cercas que, por nuestro bien, nunca más deben existir.

Bibliografía:
Boyne, John. El niño con el pijama de rayas. Sexta edición, Barcelona, Ed. Salamandra, 224 pp.

Cambio de vagón

Tras décadas de conflictos civiles protagonizados por los miembros más destacados de las logias masónicas, Porfirio Díaz (uno de los villanos favoritos de nuestra Historia) sentó las bases de un sistema social pacífico basado, sí, en la represión, pero también en una visión administrativa que lo llevó a iniciar el proceso de modernización de México, entendido como la introducción de mejoras tecnológicas en todos los campos productivos.
Rodeado de colaboradores identificados con el positivismo comtiano, Díaz y su ministro de Hacienda, Yves Limantur, pusieron en marcha la industrialización del país, atrayendo inversión nacional y extranjera, pero también, construyendo vías de comunicación que ayudaran a conectar los principales puertos del país, con la Ciudad de México, principal foco económico en una nación centralizada.
Antes que Díaz, personajes como Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada habían entendido la necesidad de mejorar los caminos del país, por ello intentaron, en repetidas ocasiones, la construcción del ferrocarril en el centro y sureste del país; sin embargo, sus intentos se vieron frenados por las invasiones extranjeras, las continuas pugnas internas y la falta de dinero, agudizada por la deuda externa.
Manuel Payno, funcionario federal durante los gobiernos reformistas y precursor del naturalismo hispanoamericano, defendió el proyecto de la construcción del camino de hierro en una serie de artículos aparecidos en periódicos como El siglo XIX de Zarco, espacio donde se ocupó de presentar consideraciones técnicas, económicas y sociales, orientadas a mostrar la conveniencia de instaurar una línea de ferrocarril que uniera a la capital con la ciudad de Puebla y el puerto de Veracruz.
Con el tiempo, las publicaciones, aparecidas con el título genérico “el camino de fierro imperial”, fueron desapareciendo de las bibliotecas y de la memoria popular, es por ello que el año pasado, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, se dio a la tarea de recopilar la obra del también autor de Los bandidos de Río Frío, para ofrecer a los lectores una pequeña muestra del debate político que hace dos siglos se libraba en el país, con el fin de trascender la miseria y sumisión a la que estaba acostumbrado el pueblo, tras trescientos años de dominación colonial y otros tantos de invasiones y hemorragias internas.

Bibliografía:
Payno, Manuel. Memoria sobre el ferrocarril de México a Veracruz. Obras completas. Volumen XX. México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 2007. 272 pp.

Libertad americana

La vida, escribió en Hojas de hierba Whalt Whitman, no sólo se configura a partir de grandes sucesos; por el contrario, las cosas simples, como la convivencia familiar, la admiración arquitectónica o la observación de las aves (símbolos de libertad), son las fuentes de las que se nutre la personalidad de cualquier ser humano. Así lo pensaba, también, Mary Mc Carthy ─escritora nacida en Seattle (1912) y muerta en Nueva York (1989) ─, quien en Pájaros de América da cuenta de la vida y preocupaciones de Peter Leví, un joven judío italo-américano, atrapado en los cambios sociales e ideológicos ocasionados por la guerra de Vietnam.
Considerada como una de las mejores novelas de la escritora estadounidense, Pájaros de América es el resultado de una doble construcción: la primera narrativa, donde se describe la existencia de un adolescente preocupado por la tecnificación de la sociedad donde creció y el amor casi edipico que le profesa a su madre, Rosamund. La segunda, es ideológica y se desarrolla a partir de las creencias y la forma de actuar de Peter, un kantiano declarado y educado bajo el principio de tomar “a las personas como un fin en sí mismas”, pero atado, por su timidez, a unirse a la lucha por los Derechos Civiles, tan en boga entre sus contemporáneos.
Tomado de la mano de Mc Carthy, el protagonista crece y al entrar en contacto con los adultos se da cuenta de que el “imperativo categórico” bajo el cual ha tratado de regir su vida, no es funcional en un mundo donde la realidad hace extenderse la certeza sobre la muerte de Dios y donde lo único que queda al final es la satisfacción de la libertad individual.


Bibliografía:
Mc Carthy, Mary. Pájaros de América. Barcelona, Tusquets, 2007, 380 pp.

Los pasos de Octavio en España

Vástago del mestizaje político y literario entre México y España, Octavio Paz, el poeta y ensayista responsable de una de las más atemporales y penetrantes radiografías de lo “mexicano”, cumplirá, en abril del año próximo, una década de desaparición física; sin embargo, su obra sigue siendo fuente obligada para la autocrítica y el examen de las distintas ideologías que durante 200 años de independencia han conformado nuestro “nacionalismo”.
Al igual que muchas otras plumas contemporáneas, el pensamiento y la obra del Premio Nobel de Literatura fueron configurados por la avalancha de “ismos” que dividieron al mundo en la primera mitad del siglo XX; pero a diferencia de la mayoría de ellas, Paz se reveló contra cualquier clase de totalitarismo ─aunque llevara el nombre de comunismo─, a favor de la libertad de pensar y crear un arte independiente a las marejadas políticas de la época.
Octavio Paz en España, 1937 es una recopilación del Fondo de Cultura Económica que muestra la evolución intelectual del también ganador del Premio Cervantes, así como la formación política y humanística que éste recibió en España durante la Guerra Civil, experiencia juvenil que determinó los senderos de su quehacer literario y forjó su carácter y presencia. La selección, realizada por Danubio Torres Fierro, comprende una serie de ensayos, entrevistas y poemas que giran alrededor de la lucha peninsular contra el franquismo y sirven al lector de referentes para acercarse a la obra completa del hombre que a sus 23 años intentó enrolarse al ejército y descubrió ser más útil con una máquina de escribir que con un fúsil.

Bibliografía:
Torres Fierro, Danubio (Selec.). Octavio Paz en España, 1937. México, Fondo de Cultura Económica, 2007, 170 pp.

El amor en tiempos de Peste

De nada sirvieron las sangrías efectuadas por los médicos de Oxford, tampoco los cataplasmas de excremento de cabra extendidos sobre los bubones, mucho menos las oraciones pegadas al cuerpo de los enfermos y el emplazamiento del hospital a un lado de la catedral: un comerciante de paño, modelo incipiente del futuro industrial de Inglaterra, es el primer siervo del rey Eduardo, en Kignsbridge, que contrae la Muerte Negra, la gran peste que asoló a la Europa del siglo XIV; después de él, miles de personas murieron ante la mirada desesperanzada de quienes, aterrados, aguardaban su turno para unirse a las filas de cadáveres acumulados en las calles.
Con la epidemia y la invasión de Inglaterra a Francia como fondo, el escritor galés Ken Follet da cuenta de las oscuras maquinaciones de los habitantes del priorato de Kignsbridge, católicos supersticiosos, adheridos al rey, al obispo y a Roma que tras su aparente religiosidad y moral, esconden ambición, odio, lujuria y deseos de venganza heredados.
En Un mundo sin fin, continuación de Los pilares de la Tierra (1989), Follet toma como pretexto los conflictos políticos entre Estado e Iglesia y los inherentes a la vieja aristocracia y el naciente mundo capitalista, para presentar una historia de amor con final feliz que se entrelaza ─mediante una narración tradicional afectada, en varios pasajes, por el empleo recurrente de lugares comunes─ con una serie de acontecimientos históricos que determinaron el escenario geopolítico medieval y renacentista.


Bibliografía:
Follet, Ken. Un mundo sin fin. México, Plaza y Janés, 2007,1184 pp.

El otro lado de Jeckill

¿A qué vienen los lloros y los amargos devaneos? Demasiado complejo es el mundo, para permitirnos deshacer las horas en infaustas premoniciones y en quejas propias de plañideras. La vida, escribió Robert Louis Stevenson, es “tan sólo un momento en la existencia del silencio eterno”, por ello, lo más sensato es recorrerla con alegría, acompañados del bullicio de los niños, los claroscuros de un paisaje, un libro y, por supuesto, ces triplex circa pectus (“Tres láminas de bronce alrededor del corazón”, como lo exigía el latino Horacio), para no olvidar que, muchas veces, es necesario un poco de locura que dé tregua a la razón.
Demonios polinesios, tesoros escondidos en una isla de los mares del sur, una sombrilla para soportar el clima de Londres y un buen nombre que, más allá de nuestros meritos, nos lleve a remontar la escala social, son todos elementos que, según el autor del Extraño caso del doctor Jeckill y mister Hyde, nos pueden recordar, con una sonrisa, lo verdaderamente trascendente en la Tierra.
Con un dejo de sarcasmo y un guiño de complicidad al lector, en Memoria para el olvido, una serie de ensayos editados por Alberto Manguel, Stevenson habla acerca de los pequeños milagros de lo cotidiano, las quiméricas formas de los sueños humanos, los buenos libros, los excelentes escritores y las técnicas estilísticas que han de adoptar los novatos en las letras, si no desean convertirse en un “plumilla patizambo de muñeca floja”, incapaz de acercarse, aunque sea someramente ─pues ni aun Shakespeare pudo lograrlo─ a la verdad inacabable, monstruosa e ilógica que es la vida.

Bibliografía: Stevenson, Robert Louis. Memoria para el olvido. Fondo de Cultura Económica y Ediciones Siruela, México, 2008, 350 pp.

Yo tengo tentación de un beso…

No cabe duda: “una como sea, pero los niños…”, y es que la educación ya no es como en mis tiempos, cuando el solo hecho de encender la televisión implicaba acercarse a modelos de educación moral y sentimental tan arrebatadores, que ya hubiesen querido comprender Sócrates o Platón para poder explicarlos a sus aristócratas discípulos. ¿A qué me refiero? recordemos: entender la filosofía de los griegos, nos costó a muchos, perder valiosas horas de nuestros años mozos; sin embargo, nadie podía tardar demasiado (a menos que en lugar de ver la película, estuviera ocupado en otras cuestiones didácticas con su compañero de sofá) en asegurar e incluso jurar ─claro, por la virgencita de Guadalupe─ que Pepe “el Toro” era inocente.
Al conocido ritmo de “Amorcito corazón”, “la chorreada” y su carpintero nos mostraron el concepto del amor eterno; por su parte, Sarita García, doña Libertad y, por supuesto, Marga López nos enseñaron que madre sólo hay una ─por fortuna, pues ¿quién aguantaría más?─. De esta forma, nosotros crecimos rodeados de virtuosos ejemplos acerca de la forma correcta de vivir, llorar, enamorarse, sufrir decepciones y morir, actividades, todas, enmarcadas por música de trío o mariachi proveniente de no se sabe donde, pero cuyo volumen aumenta en los momentos más álgidos de la existencia.
Por desgracia, con el tiempo todo se transforma y ahora es más difícil encontrar ejemplos de amor incondicional y desinteresado; a cambio de eso, vemos a nuestros jóvenes enredarse en cruentas relaciones, cuyo principal objetivo es la satisfacción de los deseos carnales ─Dios nos preserve de cometer semejantes bajezas… y de que alguien se entere─. Sin embargo, siempre es posible encontrar ejemplos aislados de personas que al sonido de “La gloria eres tú”, emprenden ardorosas batallas contra la sociedad y el destino, para defender el Amor (así con mayúscula), tal es el caso de Alex y Axel, dos novios gay que abandonan todo, para refugiarse en el idilio ofrecido por un hotel de paso.
Melodrama, novela del escritor guerrerense, Luis Zapata, satiriza, al tiempo que disfruta, las características verbales y sentimentales de las películas y novelas rosas, travistiendo los roles tradicionales de la filmografía de la época de oro y valiéndose de la explotación y burla de las costumbres y valores tradicionales de la “buena” sociedad mexicana.

Bibliografía:
Zapata, Luis. Meldrama. México. Quimera. 2008. 104 pp.